A VECES

 A veces quiero ser yo.

Cuando quiero ser yo, un algo etéreo que ni sé dónde quedaba guardado, sale de mí. Sale de mí y se eleva sin miedo entre suspiros de algodón de azúcar. 

Cuando quiero ser yo, ese algo me llama desde arriba. Me dice que no me entretenga en conversaciones triviales y discusiones de taberna. Me cuenta que todo eso vale nada. Que en cuanto subes un poquito, te da la risa de pensar en lo rápido que dejamos pasar las horas y los días, haciendo nada, diciendo nada. Y me enseña a parar los relojes por un momento. Esa gran mentira que inventamos para tener todo bajo control, para descontar lo que hemos vivido, y contar lo que nos falta. Y es mentira. Pero una mentira que tranquiliza. Claro que sí.

Cuando quiero ser yo, mi cosa etérea, que me llama con su voz de cascabel, de pronto baja el volumen y susurra lo más importante en mi oído. Ni conversaciones triviales, ni discusiones de taberna, ni relojes. Me dice que solo hay algo que hacer por aquí. Solo algo que realmente importe. Es ese algo que se vuelve etéreo, y se eleva, y nos hace inmortales. Se llama amor. Y no tiene principio. Y nunca tendrá fin.

Stell


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