EL JARDÍN

Día 10


Aquí estoy, lavando tu ropa, recogiendo tus cosas... 

Siempre me lamentaba de no aprender de mis errores. Y es cierto que una vez más tropecé con la misma piedra. Aquella que en mi juventud tantas veces juré que yo no, que a mí no. Cuando veía los ataques de ira de mi padre, ese hombre al que adoro, tan brillante en muchas facetas pero... Él nunca será consciente de cómo me estaba marcando cuando me moría de vergüenza ajena, y hasta quería saltar de su coche en marcha. Cuando me tapaba los oídos para no escuchar sus exabruptos. Tampoco recordará las cosas terribles que me dijo, y que tú me volviste a llamar. En broma, claro. ¿Broma?

Pero sí. A mí sí. Y ahora entiendo por qué. Voy a curar a esa niña, a la que hirieron. Voy a liberarla del terror de volver a vivir todo aquello.

Y hoy te digo: esas flores que con tanto mimo planté y cultivé en tu jardín, aquel que amenazabas con llenar de cemento porque sí, por el placer de hacerme daño... Pues puedes hacerlo. Porque esas flores no están ahí. Esas flores están en mi interior, siempre dispuestas a derramarse en mil colores. Y ya no podrás envenenarlas, ni enterrarlas en cal viva.

No estaba contigo porque te necesitara. ¡Qué va! De hecho, no necesitaba muchas de las cosas que me diste. Solo necesitaba creer que nos queríamos, que por fin era real. Y no. Porque alguien que te quiere, no te hiere así. Que claro, ya lo sé. Tú también tienes a tu niño herido ahí adentro. Pero esa es tu responsabilidad. Y de nadie más. Ni siquiera voy a seguir siendo el cubo de las peladuras. Ya no.

Aquí estoy, preparando tus cosas, arreglando tu mortaja para la despedida. Porque tú fuiste el primero en decirme adiós, sí. Te bastaron 13 palabras para hacerlo, y por WhatsApp. Yo ya ni eso necesito. Está todo dicho. Pusiste una bonita guinda a nuestro pastel de tres años y medio exactos. 

Ni pena me has dejado sentir. Tu crueldad me abrió los ojos de golpe. No. No necesitaba nada de todo eso. Y sé que no es amor. Quien te ama, te cuida. Incluso en las despedidas. Incluso cuando ya nada pudiera hacerse... De hecho, yo deseo que seas muy feliz.

Ahora terminaré de curar a esa niña, para que sus miedos no atraigan más de lo mismo. Y dejaré que broten de nuevo esas flores, aunque no será ya en tierra baldía.

Stell

Comentarios

Entradas populares de este blog

LO SÉ

VENDIDA