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LA ESTACIÓN

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C asi nadie quiere montar en el autobús de los días grises. A veces, ni siquiera yo quiero subirme a él. Tarareo una melodía desordenada mientras pienso en la cantidad de ellos que he vivido. Y ese vaivén de pensamientos me lleva a la estación de mi vida. Es una estación coqueta, no muy grande; como de otros tiempos.  En el centro, presidiendo, el gran reloj de esfera blanca y números romanos. ¡Qué manía! ¿Cuánta gente habrá que no sepa leerlos? Es más... ¿Cuánta gente habrá que no sepa leer la hora? ¿Y cuánta... que no quiera? Porque el tiempo, cuando uno espera, pasa indolente. Se diría que ni quiere pasar. Pero si estás despidiéndote de un gran amor, no hay forma de retener los minutos. Es tan caprichoso que me gustaría pedirle algo de formalidad, porque  nunca adivino si va a ser mucho o poco. Así que estoy esperando en la dársena, para coger ese autobús de los días grises. A veces me gusta tomarlo, solo por escuchar el repiqueteo de la lluvia en sus ventanas. No suelo pre...

LO SÉ

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  S é que hay algo. No me preguntes por qué lo sé ni qué es ese algo. Pero lo sé.  Cada vez que el sendero se bifurca, cuando el camino se eleva y se llena de guijarros, cuando mis fuerzas se gastan con la suela de mis zapatos, sigo adelante. Y dibujo una sonrisa en la adversidad, porque  mi suerte me está esperando. Solo un poco más. No he dicho que haya sido fácil. Tampoco que no me haya sentido decaer. De hecho, a veces la vida me lo ha puesto asquerosamente complicado. Venga, que sí. Que tú puedes... Y con esa ingenuidad con la que uno mira el horizonte, cada amanecer, con la inquebrantable fe del que vio salir el sol un día tras otro, o al menos lo intuyó entre las nubes... Con la certeza de que hoy también lo hará, doy gracias por mis suelas desgastadas y la senda transitada. Doy gracias, porque siempre tuve otro par de recambio, justo cuando empezaba a asomar el agujero. Gracias, porque cada piedra me enseñó cómo sortearlas, y dónde no poner el pie. Gracias, porque...

EL JARDÍN

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D ía 10 Aquí estoy, lavando tu ropa, recogiendo tus cosas...  Siempre me lamentaba de no aprender de mis errores. Y es cierto que una vez más tropecé con la misma piedra. Aquella que en mi juventud tantas veces juré que yo no, que a mí no. Cuando veía los ataques de ira de mi padre, ese hombre al que adoro, tan brillante en muchas facetas pero... Él nunca será consciente de cómo me estaba marcando cuando me moría de vergüenza ajena, y hasta quería saltar de su coche en marcha. Cuando me tapaba los oídos para no escuchar sus exabruptos. Tampoco recordará las cosas terribles que me dijo, y que tú me volviste a llamar. En broma, claro. ¿Broma? Pero sí. A mí sí. Y ahora entiendo por qué. Voy a curar a esa niña, a la que hirieron. Voy a liberarla del terror de volver a vivir todo aquello. Y hoy te digo: esas flores que con tanto mimo planté y cultivé en tu jardín, aquel que amenazabas con llenar de cemento porque sí, por el placer de hacerme daño... Pues puedes hacerlo. Porque esas flor...

ME TOCA

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L a vida es una línea; a veces ascendente, otras bastante previsible y llana. Entrecortada y atropellada cuando quiera . Y también hay momentos en los que, como si de un caprichoso juego de mesa se tratara, te devuelve a la casilla de salida.   Y cogemos los dados con desgana, un poco cansados, aun siendo la única opción posible. No vale abandonar. Y a cara de perro, movemos de nuevo nuestras fichas. Con poco que perder ya. Viejas casillas conocidas que invitan a quedarse un rato. Pero uno sigue avanzando sin mirar mucho hacia atrás. Y preguntándose si al final del juego, habrá valido la pena... Stell

VENDIDA

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  M ira,  he pasado por este puente tantas veces, que ni siquiera me molesto en echar la vista atrás. Y atrás quedas tú. Al otro lado, solo yo y lo que dejé de ser por intentar complacerte. Me gustaba creer que era importante en tu vida. "Tú haz lo que yo diga, no lo que yo haga". Con esa desfachatez que solías gastar, porque querías... Y podías. Con la misma desfachatez con la que ayer me dejaste en esa esquina, suponiendo seguramente que yo volvería a suplicarte, como siempre hice. O quizás no. Tampoco importa ya. Pero, ¿ves?, he encontrado ese puente conocido. En aquel extremo quedáis vosotros, mis demonios. Los envidiosos inánimes, que quisisteis robar mi esencia para hacerme imbuir en esas sombras densas, de donde nunca podréis salir. He atisbado la luz al fondo. Y al buscar en mi interior he descubierto que ahí sigue intacto todo mi ser. En ese bolsillito que solo guardo para mí. Y lo he desdoblado y aireado. Me lo he vuelto a poner, para cubrir las miserias que me rega...

A VECES

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  A veces quiero ser yo. Cuando quiero ser yo, un algo etéreo que ni sé dónde quedaba guardado, sale de mí. Sale de mí y se eleva sin miedo entre suspiros de algodón de azúcar.  Cuando quiero ser yo, ese algo me llama desde arriba. Me dice que no me entretenga en conversaciones triviales y discusiones de taberna. Me cuenta que todo eso vale nada. Que en cuanto subes un poquito, te da la risa de pensar en lo rápido que dejamos pasar las horas y los días, haciendo nada, diciendo nada. Y me enseña a parar los relojes por un momento. Esa gran mentira que inventamos para tener todo bajo control, para descontar lo que hemos vivido, y contar lo que nos falta. Y es mentira. Pero una mentira que tranquiliza. Claro que sí. Cuando quiero ser yo, mi cosa etérea, que me llama con su voz de cascabel, de pronto baja el volumen y susurra lo más importante en mi oído. Ni conversaciones triviales, ni discusiones de taberna, ni relojes. Me dice que solo hay algo que hacer por aquí. Solo algo qu...